Génesis — Abraham, fe y crecimiento espiritual

Génesis — Estudios bíblicos sobre Abraham

Melquisedec en la Biblia — Salmo 110 y Hebreos 5–8

Paul J. Bucknell

Desvíos en la vida de Abraham — Génesis 12–16

Introducción: Desvíos en la vida de Abraham · A. Desvío del lugar indicado · B. Desvío en sus relaciones · C. Desvío en el método · Preguntas de estudio

Serie especial: Génesis 14 — Tres pasos para una fe creciente

Génesis 14: Tres pasos para una fe creciente · 1. Reconozca la bendición de Dios · La protección de Dios · Aplicación: reconocer la bendición · 2. Use la bendición para servir a otros · Abram “el hebreo” · La gran decisión de Abram · Una imagen del amor de Dios · 3. Afirme su confianza en Dios · La oración secreta de Abram · El rey Melquisedec · La realidad espiritual · Melquisedec en la Biblia · Conclusión y aplicaciones

Melquisedec es un personaje bíblico fascinante: aparece en muy pocos pasajes de la Escritura, pero cada aparición tiene una importancia extraordinaria.

Después de Génesis 14, los otros dos grandes lugares son el Salmo 110 y Hebreos 5–8. Estos pasajes nos ayudan a entender lo que Dios estaba enseñando por medio de este sacerdote-rey.

No sabemos si Melquisedec tenía ejército propio ni cuánto comprendía Abram de todo lo que estaba ocurriendo. Sí sabemos que Abram reconoció el papel decisivo de Dios en la victoria que le permitió rescatar a Lot. Génesis 14 es nuestra primera introducción al lugar que Melquisedec ocupa en el plan de Dios.

Comprendemos mejor a Melquisedec a la luz de Jesucristo, a quien anticipa como tipo o figura.

“El SEÑOR ha jurado y no cambiará de parecer: ‘Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec’” (Sal 110:4, traducción propia).

El versículo siguiente conecta este sacerdocio con la autoridad real y la victoria sobre reyes: “El Señor está a tu diestra; quebrantará reyes en el día de Su ira” (Sal 110:5, traducción propia). Es un tema muy cercano a la experiencia de Abram.

Hebreos retoma el tema y lo desarrolla con gran amplitud. Al final del capítulo 4 presenta a Jesús como el gran Sumo Sacerdote, el Hijo de Dios:

“Por tanto, teniendo un gran Sumo Sacerdote que atravesó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, mantengamos firme nuestra confesión. Porque no tenemos un Sumo Sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo de manera semejante a nosotros, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, con confianza al trono de la gracia, para recibir misericordia y hallar gracia para la ayuda oportuna” (Heb 4:14–16, traducción propia).

Hebreos 5–7 da gran importancia a Melquisedec y al Salmo 110. Melquisedec no solo anticipa al sacerdote-rey venidero, Jesús el Mesías; ese nuevo sacerdote-rey también está asociado con un nuevo pacto. Puesto que el Salmo 110 fue escrito después de la Ley, el propio Antiguo Testamento anuncia que vendría un sacerdote y un rey superior al orden mosaico.

Todo esto se cumple en Jesucristo, quien estableció el Nuevo Pacto. Jesús es nuestro Sacerdote y nuestro Rey. Le pertenecemos y lo servimos. Nuestra gratitud a Dios se expresa también mediante la manera en que damos y servimos en la iglesia local.

Jesús enseñó a Sus discípulos a orar al Padre en Su nombre. Él es el Mediador que posee toda autoridad en los cielos y en la tierra. Cuando Dios pone una carga en nuestro corazón, vamos al Padre en oración confiando en Jesucristo, nuestro Sumo Sacerdote, para acercarnos al Dios poderoso, dueño de cielos y tierra.

Y cuando Dios interviene por gracia, nuestro corazón responde con mayor entrega y gratitud.

Nota sobre las citas bíblicas: las referencias se comparan con la Reina-Valera 1960 (RVR1960). Para conservar la continuidad con el estudio inglés original, algunas citas extensas se presentan aquí en traducción propia al español.

(Traducido del original en inglés)